La ciudad chilena de Valparaíso está situada en la bahía del mismo nombre, bañada por el océano Pacífico. Apenas 100 km la separan de la capital, Santiago de Chile, situada en el interior. En la llanura, entre las colinas y el mar, una zona denominada El Plan de Valparaíso, se encuentran el puerto y el casco histórico, Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad se asienta sobre un territorio sísmico donde se registran frecuentes terremotos. Su clima puede definirse como mediterráneo.

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Valparaíso está rodeada de cerros, por lo que su trazado urbanístico tiene forma de anfiteatro natural. Pintorescos y coloridos barrios altos a los que se accede fácilmente por medio de una quincena de ascensores que salvan las cuestas son todo un símbolo de esta ciudad de 300.000 habitantes cuyo puerto sigue siendo el principal del país, tanto en el transporte de contenedores como en el de pasajeros.

La micro 612 es un pequeño autobús que hace el llamado Recorrido de la O. Este microbús de color rojo circula de cerro en cerro ofreciendo una panorámica de conjunto de Valparaíso con el magnífico telón de fondo de la bahía.

La línea 612 parte de la llanura del Plan, en la plaza de O’Higgins, asciende por la Avenida Francia y la Avenida Alemania. Desde esta zona ya se avista el puerto y los coloridos edificios. Pasa junto a la casa de Neruda, desde donde prosigue hacia los cerros Bellavista, Alegre y Concepción. Los locales aconsejan sentarse en los asientos del lado derecho para aprovechar mejores vistas por la ventanilla durante el trayecto. La frecuencia de paso oscila entre los 5 y 10 minutos en función de la hora.

En la calle Ferrari, en lo alto del Cerro Florida, encontramos La Sebastiana, una de las casas del poeta Pablo Neruda. Su nombre procede del constructor español Sebastián Collado, responsable del diseño del inmueble, que quedó abandonado e inconcluso a su muerte. No sería hasta 10 años después, hasta 1959, cuando La Sebastiana se cruzó en el camino de Neruda. El poeta buscaba residencia en Valparaíso y así se lo hizo saber por carta a su amiga María Martner:

“Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos, ojala invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente, pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?”

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El caserón de La Sebastiana fue del gusto del poeta, aunque dada sus enormes dimensiones, decidió comprarla a medias con la escultora María Martner y su marido. Neruda se quedó con el tercer y cuarto piso por las vistas y la inauguró con una gran fiesta en 1961. En el salón se encuentra una especie de barra de bar donde el escritor agasajaba a sus amigos con combinados como el Coquetelón, una creación suya. Hay multitud de objetos: vajillas, cajitas de música, un caballito de tiovivo en madera. Las paredes están adornadas con mapas y un gran retrato de su ídolo literario, Walt Withman. La Sebastiana fue saqueada en el golpe de estado de 1973. Hoy, tras la restauración acometida en 1991, la casa museo se puede recorrer con audioguías en 5 idiomas. Además de muebles y objetos se conservan algunos de sus escritos originales. El dedicado a su casa es sólo uno de los poemas que Neruda dedicó a la ciudad de Valparaíso.

La llamada Casa Proa Álvaro Besa, situada en la Calle Miramar del Cerro Alegre es una de las más retratadas de la ciudad. Se adapta perfectamente a la topografía en un terreno con gran pendiente. Es un edificio estrecho y blanco cuyas fachadas laterales dan a dos calles a diferentes alturas. La tapia del jardín describe un ángulo agudo que confiere al inmueble el aspecto de una proa de barco, de ahí su nombre. En el esquinazo luce un pequeño e inconfundible torreón acristalado. La casa es famosa por ser el hogar en la ficción del protagonista de una teleserie chilena. Los Mendes son la familia protagonista de la serie Cerro Alegre y la Casa Proa su residencia. Este estrecho y alto edificio, construido en 1927, funciona ahora como galería de arte.

Muy cerca de la Casa Proa, sin abandonar el Cerro Alegre, nos topamos con el Paseo Yugoslavo, un camino con espectaculares vistas a la bahía. Se puede llegar desde el Plan hasta él directamente con el ascensor El Peral, un elevador de más de un siglo de antigüedad que es monumento nacional. La estación superior de este funicular coincide con la entrada del Palacio Baburizza. El nombre del palacio proviene, precisamente, de la ascendencia yugoslava de su acaudalado ocupante.

Los italianos Schiavoni y Barison fueron los arquitectos de este palacio, recordados hoy con una placa. 2000 metros cuadrados, sin contar el patio ni los jardines, tiene este monumento, un edificio en estilo art deco. Su curiosa fachada está decorada con franjas en damero, capiteles y balcones con forma de torreón. Los tejados de cobre verde son exageradamente apuntados. El edificio fue restaurado y reinaugurado en 2012 por el entonces presidente de Chile Sebastián Piñera. La municipalidad de Valparaíso compró el edificio a sus herederos y hoy es el Museo de Bellas Artes. Entre las colecciones están las que Baburizza legó a Valparaíso.

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La iglesia La Matriz se ubica en pleno corazón del puerto de Valparaíso, rodeada de calles y casas de estilo porteño. Este blanco edificio se abre a una amplia plaza con una escalinata. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando era una pequeña capilla de adobe. 20 años después de ser levantada, fue saqueada e incendiada por el pirata Francis Drake. En el siglo XVII la iglesia Matriz fue reconstruida pero en el XVIII sufrió los efectos de un maremoto. En el XIX volvería a padecer los avatares de la naturaleza cuando un seísmo obligó a levantarla de nuevo. El aspecto que obtuvo con las obras de 1830 es el que conserva en la actualidad. En su interior se exponen algunas acuarelas antiguas que muestran su aspecto anterior y un famoso Cristo. La basílica actual tiene 3 naves y cubiertas a dos aguas. Su fachada luce un aire clásico con tres puertas en arco sobre las que reposa un gran frontón triangular. Sobre este se alza una esbelta torre central con dos cuerpos octogonales. Uno de ellos, con columnas.

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El Museo Marítimo Nacional de Chile ocupa el cerro Artillería de Valparaíso en el edificio de la antigua escuela naval, una enorme mole blanca construida en el siglo XIX a donde se trasladó la colección primitiva. El Museo Marítimo celebra su primer siglo de existencia. En la misma casona de la escuela naval se inauguró en los años 90 un auditorio, además del archivo y la biblioteca histórica de la armada. Estas dependencias forman parte del museo y contienen más de 30.000 volúmenes entre documentos, libros y bitácoras. La colección del museo alberga más de 3.000 objetos que incluyen maquetas, uniformes, armamento, medallas y banderas que narran más de un siglo de historia naval. El gran patio central se sigue utilizando para la celebración de aniversarios militares.

El Paseo Atkinson es un mirador situado en el cerro Concepción con magníficas vistas a la bahía. Se encuentra en el territorio de lo que era el antiguo fuerte de vigilancia y defensa de la ciudad. Entonces era conocido como Cerro del Cabo o Cerro del Chivato. Este último apelativo coincide con el nombre de un supuesto ser mitológico que vivía a los pies del cerro en la Cueva del Chivato. Se puede llegar hasta el Paseo Atkinson por medio de los acensores Concepción o del Peral. Esta fue una de las primeras calles de Valparaíso en tener iluminación a gas en el siglo XIX en sustitución de los antiguos faroles de sebo o parafina. Bajo los faroles hay bancos para disfrutar de las vistas. Las casas de sus extremos, de estilo inglés y con jardín a la entrada, lucen fachadas pintadas de vistosos colores amarillos, rosas y azules. También se conservan las placas centenarias y originales con el nombre del paseo. Desde aquí se puede llegar a la iglesia anglicana de Saint Paul y a la iglesia luterana de Valparaíso.

En la calle Elías, a los pies del ascensor Reina Victoria, se encuentra el Museo de la Cerveza en la Cervecera Altamira. Su fabricación fue introducida por la familia irlandesa Bless a principios del siglo XIX. Andrés Bless, médico y empresario, casado con una chilena, abrió la factoría en 1825. Su historia está recogida en una de las alas de este museo. La Casa Cervecera Altamira ofrece además un tour para explicar la elaboración artesanal desde la molienda de la cebada y la malta hasta la fermentación. También se organizan catas para especialistas. El museo tiene unos amplios horarios, desde mediodía hasta las once de la noche y dos de la madrugada en el fin de semana. Incluye un restaurante donde se pueden encontrar tapas, platos veganos o recetas típicas.

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En la gastronomía chilena hay un lugar de honor para los vinos. Las condiciones climatológicas permiten el óptimo cultivo de diferentes variedades de uva. Hay una cuidada producción tanto de blancos como de tintos. Hay rutas turísticas del vino por el cercano valle de Casablanca, la zona vitivinícola con mayor proyección y por la colindante Viña del Mar.

Más allá de los vinos, Valparaíso es famosa por sus productos del mar. El mariscal, como indica su nombre, es un plato elaborado con limón, condimentos y mariscos, algunos desconocidos para los europeos. En Valparaíso atribuyen al piure propiedades afrodisíacas. Los precios del marisco suelen ser muy asequibles. Otra característica sorprendente para los turistas es el tamaño de mariscos y pescados. La chorrillana es una receta propia de Valparaíso elaborada con carne picada, chorizo, patatas y huevos fritos. Otro plato, a base de carne o pescado marinado con limón, es el ceviche, muy popular en el litoral del Pacífico.

Las bondades del clima porteño son muy apropiadas para todo tipo de frutas.

En la repostería se reconoce la mano de los emigrantes europeos, por ejemplo en la leche frita, los alfajores o la sopaipilla, una especie de papilla dulce elaborada con harina, azúcar tostado, canela y cáscara de naranja.